...o de la contraportada, mejor dicho.
Estaba yo esta mañana tomando mi cafelito y mi tostadita tranquilamente sentada en la barra (bueno, en un taburete frente a la barra) de un bar cuando, así sin anestesia, otro de los parroquianos pone frente a mí el periódico que acababa de leer.
Era un periódico deportivo, aunque no me pregunten cual porque el muchacho lo había colocado con la portada hacia abajo o lo que es lo mismo con la contraportada hacia arriba.
Allí estaba ella: rubia, delgada y perfecta, sutilmente vestida (?!!) con un biquini de plástico que no transparentaba nada de puro milagro, que sonreía seductora mientras un ventilador hacía volar su brillante melena.
Mi pregunta era ¿qué coñ. hace la foto de una tía así en una revista de deportes? Ah, mira, que le gusta montar a caballo, pone, igual es porque hace referencia a la equitación.
Y allí estoy yo, con mi café, sin maquillar y con los rizos desordenados aprisionados en un coletero, mirando los ojos claros de una diosa...
¡Hombrepordios! ¡Eso no se hace!
¡Una debería no sentirse un adefesio al menos hasta después de desayunar!
Lo mismo pasa en las revistas "para chicas" en las que aparecen modelos deslumbrantes a las que le sientan bien un trapito que se echen por encima, haciéndonos creer que nosotras luciremos igual de atrayentes con el vestidito de marras, cremas reductoras sobre vientres que si se reducen más serían invisibles, milagros antiarrugas en cutis de perfectas post-adolescentes que por las únicas arrugas que se tienen que preocupar es por las de las medias, productos dietéticos que comen alegres jovénes de la talla 34.
Bufo y enciendo mi cigarro (sí, aún no lo he dejado)...
...entonces pienso en el photoshop... y en que tengo que aprender a usarlo, ya.
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viernes, 7 de mayo de 2010
viernes, 2 de octubre de 2009
Espejito,espejito...
Que difícil es a veces comprobar que el tiempo pasa.
Que difícil es intentar seguir viéndote cuando miras un espejo, que tu cara está empezando a dejar de parecerse a la cara que tú recuerdas, que salen manchas, que las arrugas que se forman al reir siguen ahí cuando no ries.
Que difícil intentar buscar tu cuerpo en cuerpo en que la piel se ha quedado grande y cuelga por donde no debería, que ese vestido que te encanta y que guardas en el armario desde el principio de los tiempos no te queda igual de bien aunque se cierre la cremallera, que difícil no entender por qué ley de la física las venas sobresalen de la piel cuando deberían ir por dentro de ella. Que las canas no es un privilegio de las abuelas. Que difícil que te llamen señora y no pasar ya la prueba del andamio (esa en la que los albañiles te dicen barbaridades cuando pasas)
Que dificil asumir que todo el dinero que gastes en cremas servirá sólo para enriquecer a las compañías que las fabrican.
Y no es justo, que justo cuando te empiezas a sentir bien por dentro, empieces a sentirte mal por lo que ves afuera.
Que difícil es intentar seguir viéndote cuando miras un espejo, que tu cara está empezando a dejar de parecerse a la cara que tú recuerdas, que salen manchas, que las arrugas que se forman al reir siguen ahí cuando no ries.
Que difícil intentar buscar tu cuerpo en cuerpo en que la piel se ha quedado grande y cuelga por donde no debería, que ese vestido que te encanta y que guardas en el armario desde el principio de los tiempos no te queda igual de bien aunque se cierre la cremallera, que difícil no entender por qué ley de la física las venas sobresalen de la piel cuando deberían ir por dentro de ella. Que las canas no es un privilegio de las abuelas. Que difícil que te llamen señora y no pasar ya la prueba del andamio (esa en la que los albañiles te dicen barbaridades cuando pasas)
Que dificil asumir que todo el dinero que gastes en cremas servirá sólo para enriquecer a las compañías que las fabrican.
Y no es justo, que justo cuando te empiezas a sentir bien por dentro, empieces a sentirte mal por lo que ves afuera.
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