jueves, 23 de septiembre de 2010

Malas noticias

Lo malo de trabajar con personas que están ya al final del camino es que algunas llegan a él...y a tí no te da tiempo de despedirte.
Un mes es mucho tiempo, sobre todo para aquellos para los que cada día nuevo es una victoria.
¿Recordáis a Juan?
Sí.
Sólo tres días antes de reincorporame de mis vacaciones ha dejado de perseguir abuelitas por los pasillos para caminar (sin tanto trabajo, espero) por los pasillos del cielo.
Espero que también esté mejor de la vista, si no tendrá un grave problema cuando intente ligar con los arcángeles.
Es sólo uno, se han ido más, tres más.
Por mucho tiempo que lleve trabajando con ellos me entristece cada despedida, aunque a veces sea esperada, incluso deseada por ellos.
Hay una valentía en su vida que parece invisible a muchos.
Raro vivir cuando el corazón descuenta latidos, cuando conocen que su existencia se agota, cuando se aferran a ella a pesar del dolor, de la torpeza, de la debilidad...de la vejez en sí.
Es allí, al final del camino, dónde recuerdan, rememora, reviven y algunos se enjuician  y se convencen de que lo han hecho bien, de que toda injusticia que se les debe (algunas reales, otras imaginarias) serán cobradas.
Son maestros, así, sin pretenderlo. Los veo y analizo: imposible saber si una buena vida, garantiza una vejez satisfactoria. Pero sí sé que aquellos que han hecho todo, lo bueno y lo malo, con convicción, aquellos que se han dado en  cuerpo y alma, aquellos que se enfrentaron a sus miedos cara a cara, no temen a la señora de la guadaña...o la temen menos.
Algunos creen en el más allá. Otros sólo anhelan el sueño y el descanso, el frío y la insensibilidad.
Otros no piensan en el final, esperan cada día igual al anterior en esa rutina que les reconforta.
Y así pasan los días que les quedan, aprovechando los placeres que aún les brindan: una buena comida, una risa, una visita...

... que mis manos les reporte algún consuelo, que mis bromas o mis besos les hagan sonreir, que cada vez que interrumpa mi tarea para darles agua o un pañuelo o repetirles mi nombre o colocarles bien el cojín o acordarme de que prefieren que le llamen Curro y no Francisco, les haga más agradable la espera... que pueda hacer todo eso sin que se me note el cansancio, sin reñirles demasiado, sin gritar (bueno, a los sordos sí)....es mi objetivo (difícilmente cumplible) de cada día.

8 comentarios:

Camaleona dijo...

A mí me parece que tu trabajo es muy desagradecido porque los ancianos son muy tiranos (llego a pensar que incluso más que los niños). Y lo veo ahora que mi tía está en una residencia...
Y sin embargo, tú mantienes la ilusión y el amor por los "viejitos"... Desde mi punto de vista, el del familiar, te agradezco enormemente que seas capaz de mantener la ilusión en tu trabajo, ellos lo saben y les reconforta.

La reina de la miel dijo...

Qué preciosidad de texto, Barbaria, me has emocionado. Yo hice las prácticas de un posgrado en un macrogeriátrico, reconozco el ambiente que describes de una forma tan bonita y tierna. Recuerdo a Marcelo, con su preciosísima sonrisa permanente de dentadura postiza, con su porte, un hombre solo y totalmente amnésico de su pasado, sin familia, aún guardo en la cartera su regalo más preciado: un billete de curso legal de Uruguay de hace siglos, cuando él paseaba su porte y su sonrisa por allí y el Mundo era suyo...Me emocionan los ancianos, mucho más que los bebés. Los ancianos están solos frente al abismo, esperándonos.

X dijo...

Lo peor es que nunca te acostumbras. Lo mejor es que nunca te acostumbras. :-)

jupiter24 dijo...

Despues de más de cinco minutos mirando la pantalla... y sin encontrar las palabras para expresar lo que sentido mientras leía la entrada , solo he encontrado una manera de desirtelo.
GRACIASSSSSSSSSSSSSSSS en nombre de todos ellos.

danygirl dijo...

Bueno, es un trabajo duro. Pero como tú dices, seguro que esas personas te recuerdan siempre con cariño. Es algo que no afrece otro trabajo.

Mirna dijo...

Debe de ser muy difícil. Pero a la vez muy bonito...
No sé qué decir que no te hayan dicho. Seguro que te quieren mucho.
Besitos desde Marte
Mirna

barbaria dijo...

Lo es. Es díficil, duro y desagradecido en ocasiones. Hay quien me quiere mucho y hay quien me mira mal cuando insisto en que tiene que andar un poco aunque le duelan las rodillas.
En ocasiones es gratificante, la mayoría de las veces no. Son un poco tiranos y unos expertos chantajistas emocionales...pero sí, los adoro. Son como niños pequeños, absurdamente obstinados, completamente egoistas y a la vez tan, tan frágiles...

Small Blue Thing dijo...

Chica, qué año llevamos :(